Perfectos y delicados arreglos de cuerdas, percusión y vientos junto con la voz de María Rodés, convierten en borrosa y perezosa niebla las dolorosas y cruentas tormentas de pasión relatadas en las coplas de toda la vida.
Una pequeña delicia hecha coloreando en pastel, el añejo sepia de las coplas halladas más allá de la memoria.
Una preciosa herencia.
Una preciosa herencia.

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